Más allá de Orión

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En la bonoloto del Congreso esta semana salieron los números 124 y 155, complementario el 67. Dicen que no hubo agraciados, ni dirigentes ni partidos, y que el bote se diluirá “como lágrimas en la lluvia”. Rutger Hauer, quien dijo esa frase en el cine, estuvo en la Semana de Cine Fantástico de Málaga (lo contaba bonito en La Opinión de Málaga el productor Kike Mesa, como recordatorio emocionado por su muerte esta semana, a los 75 años) Al maravilloso actor holandés, al que siempre se le recordará por haber encarnado a Roy Batty, el replicante existencial de la legendaria “Blade Runner” (Ridley Scott, 1982), le ha llegado la hora de morir el mismo año en que moría en la película el hermoso replicante: el entonces futurible año 2019.

Lágrimas en la lluvia. Blade Runner

Resulta poético que la persona haya muerto el año en que moría su personaje. Hauer era un maravilloso actor que no tuvo en Hollywood la carrera que merecía. E hizo de todo en la pantalla, incluidas series y poner su estupenda voz a un videojuego. Sus padres, también holandeses, fueron actores de teatro, y esa sangre marcó su talento. De ello da fe una película holandesa: “Delicias turcas” (Paul Verhoeven, 1973). La historia de amor que contaba era la adaptación de un libro (como “Blade Runner” fue la adaptación de otro: “Sueñan los androides con ovejas eléctricas”, del siempre recomendable Philip K. Dirk, cuya vida también fue de película) El autor de esa novela también era holandés, Jan Wolkers. Y también hizo de todo. Fue escritor, periodista, escultor, pintor, guionista, presentador de televisión y hasta devolvió un premio literario, el Ciudad de Amsterdam, en los años 60. Wolkers fue otra persona personaje. La Cultura es un proceso fascinante y si tiras del hilo, eso que llaman metaliteratura o “metacine” o incluso periodismo, no dejas de asombrarte y de comprenderlo todo un poquito más.

Fotograma de Delicias Turcas

Las dos sesiones de investidura en el Congreso han dado para mucho. Empezó con el aburrimiento del discurso de investidura de Sánchez, pero siguió con la pasión en las réplicas, el encuentro, el desencuentro, la traición, y ya en la segunda intentona del jueves con los escuálidos 124 síes; los dolorosos, aunque previsibles, 155 noes y las esperanzadoras o más dolorosas aún, según se miren, 67 abstenciones. No hubo amores rotos, sin embargo, ya que la relación entre el PSOE y Podemos nunca pasó de la desconfianza y, como mucho, del sexo ocasional. Con el PNV y otras formaciones más minoritarias que se postulan como bastón de quien tiene más escaños siempre media el dinero. Con el PP parece que vuelve a latir cierta lealtad, peor o mejor encubierta, por aquella añorada estabilidad bipartidista. Ciudadanos sigue bailando música trance en la pista del hemiciclo cuando suenan las lentas; y así no hay quien baile por ahora con su líder. En “Delicias turcas” sí había amores rotos, dolorosos, preciosos…

Sánchez e Iglesias. Ivestidura fallida

Aquel largometraje fue nominado al Oscar a la mejor película de habla no inglesa en 1973, y ya en 1999 mereció en los Países Bajos el premio a la mejor película holandesa del siglo) Rutger Hauer era un escultor un poco hippie que conoce haciendo autostop a una bonita chica de familia burguesa. La encarnaba la actriz Monique Van de Ven, quien hoy con 66 años atractivos años sigue trabajando como actriz y directora. La pareja tan difícilmente complementaria, pese a la negativa feroz de los padres de ella a que viva con ese muerto de hambre con ínfulas picassianas, se casa y come perdices durante un breve espacio de tiempo. Cuando todo parece ir bien y la familia de la chica termina por aceptar al yerno, a todas luces enamorado hasta las trancas de su niña, algo empieza a ir mal. La chica se vuelve caprichosa, se comporta de manera poco elegante en público y llega a la infidelidad hasta abandonar a su marido. Con los años, él se la encuentra viviendo con un millonario mucho mayor que ella, ostentosamente vestida y comportándose de manera incoherente. Ahí es cuando ella se desmaya y él la acompaña al hospital. Tiene un tumor cerebral que le ha ido creciendo lentamente y afectando a su comportamiento.

Rutger Hauer homenajeado en Málaga

Aunque la intervención quirúrgica no se demora, ya es imposible extraerle toda la masa. Pero tras la intervención, ella vuelve a ser quien fue. El chico cuida a su chica hasta el final. En los últimos días, cuando su amada no soporta comer, él le lleva pastelillos de esos que parecen gominolas cuadradas de frutas, delicias turcas, lo único que ella consigue masticar. No sé cuánto improvisó o no Rutger Hauer en esas últimas secuencias de la película, pero su dolor me sigue siendo cercano y deliciosamente contagioso. Sí sabemos que el famoso monólogo del replicante bajo la lluvia lo improvisó en parte, para delicia turca del director Ridley Scott y de quienes, ante tanta inmadurez parlamentaria, jamás olvidaremos la profundidad de algunas de sus frases:
-Es duro vivir con miedo, ¿verdad? En eso consiste ser esclavo… …

(c) Domi del Postigo / www.domidelpostigo.es

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