El nombre de una Rosa

in spanish •  10 days ago  (edited)

Y allí estaba ella. Ni yo ni Rosa lo sabíamos aún, pero ambos estábamos condenados a encontrarnos...

Una Rosa entre zombis empapelados

Un requerimiento de Hacienda te llega en cualquier momento. Da igual que tu amiga se esté muriendo cuando te llega o que tu hijo acabe de nacer. El empleado de Correos llama a tu puerta y te entrega la notificación. Mientras la lees, con toda esa literatutra administrativa que rellena de oficio líneas y líneas de un fuego que quema esas neuronas nuestras que al microscopio parecen pequeños árboles, un fuego que quema bosques de madera de verdad convirtiéndolos en papel sin necesidad de quemarlos con ese otro fuego que a veces los arde, como ahora en Australia; a partir de ese instante, decía, sabes que perderás un tiempo precioso que no tenías tiempo que perder.
Quizá todo termine en nada, pero mientras eso ocurra, perderás una mañana reuniendo certificados, pantallazos, pruebas en muchos casos absurdas y sin valor legal alguno, aunque se consideren presuntamente indiciarias, de que no eres uno de esos defraudadores que buscan, en muchos casos al azar, puede que logarítmicamente, en el procedimiento de oficio.

Burocracia...

La presión se eleva cuando lees que tienes diez días desde que recibes el exhorto. Ponte las pilas. Si antes no te quedaba tiempo ni para amar, ahora lo sacarás de donde la esfera del reloj ya no es redonda. Haces el vía crucis desde tu “vivienda habitual” al despacho del asesor, de la asesoría a la oficina del censo, del censo a la sede de la Seguridad Social, de allí a la sucursal bancaria donde tienes la única hipoteca que tienes, la de esa “vivienda habitual” por donde empezaste el vía crucis, vivienda a la que volverás cabreado y que es la única vivienda que tienes, objeto de las pesquisas de Hacienda para comprobar, a estas alturas de lo que llevas vivido en ella, si te corresponde o debes devolver la deducción fiscal que te deduces en cada declaración anual del IRPF por la hipoteca que llevas pagando casi veinte años y que aún te queda por pagar.

Antes de salir, avezado en las lides telemáticas, desenfundas tu clave ante el ordenador como Gary Cooper desenfunda su Colt en Sólo ante el peligro, la película que rodó dos años antes de conocer a Sara Montiel -que era otro tipo de peligro cuando rodó con ella Veracruz-. Pero al final te tiras a la calle para terminar con los papeles frescos en la mano. Es entonces cuando entras en la sucursal de Rosa. Cuando la cola se va aclarando te sales un momento y preguntas a una mujer que no es Rosa y que está sentada ante una mesa si puede ayudarte. La mujer, de esas personas sin nombre, te señala al hombre de la mesa de al lado que habla por teléfono. Esperas que termine. Perdone, estoy hablando, te dice tapando el auricular. Ya, espero...

Ella, una Persona entre gente empapelada

Y te dice su nombre. El nombre de la rosa: -Vaya allí, le atiende Rosa. Vuelves a la cola. Comprendes por qué la gente se para ante ese mostrador. Ella está allí. Cuando me toca, su desconocida sonrisa me parece un tibio abrazo. Me escucha, orienta, teclea, se levanta, fotocopia, se sienta, se levanta otra vez, Rosa, un ser humano al otro lado, una rosa en la sucursal del banco. Me voy con un sobre tamaño folio lleno bajo el brazo, rebosando de su eficacia...
Tenía que contaroslo. Aquí.

(c) Domi del Postigo / www.domidelpostigo.es

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Graciassssss

Estupendo @domidelpostigo. Se ve que conoces el mestiere de contar las cosas. He visitado tu web.

Sabes? Cuando leí el título del artículo, no se por qué, pero pensé en la novela de Umberto Eco, uno de los tantos libros que leí durante mi larga estadía en tierras italianas.

Libro fenomenal. No tiene nada que ver con tu excelente "epopeya" burocrática ni siquiera el tema pero ya que leí el artículo me parecía honesto trasmitirte lo que pensaba.

Los molinos de viento de la burocracia necesitan varios Don Quijote para combatirlos.

Saludos.

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Sí, @hugo1954, la similitud del tìtulo con la Rosa de Umberto Ecco era parte del reclamo, aunque algo obvio no lejano de lo que se cuenta en el espíritu... Gracias por su generosa atención