Coles de Bruselas

in #spanish2 months ago

Una semana más, el ruido es tan grande y la música tan poca que el aturdimiento gana espacio en un imaginario colectivo bastante golpeado, ya de antes, como para poder asumir todas las cifras, la mayoría inservibles, con que nos bombardean con la pandemia de fondo...

Poca música, sí. No es de extrañar que el sector de la Cultura se haya echado a la calle esta semana para pedir que se le eche cuenta, porque las cuentas a los músicos y a quienes viven de la Cultura tampoco les salen.

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Alerta Roja cultural

Cualquiera puede escribir un poema en casa y otro cualquiera puede pintar una flor única y ambos colgarlos en las redes sociales y, quizá, si el talento (ese extraño milagro aún inexplicable) les asiste, sumar su aportación al acervo cultural, eso que nos hace menos grasa y más neurona, menos víscera y más corazón con razón. Pero, además del fenómeno cultural necesario para comprender cómo no desaprovechar el tiempo en que respiramos y sacarle verdadero partido a esto de estar vivos el tiempo que dure y, por ello, comprender lo valioso del tiempo de vida de los demás, está la industria generada alrededor de la escenificación del hecho cultural. Está la industria generada alrededor del cuadro, de la música en todas sus manifestaciones posibles y géneros, del poema y de la prosa y del teatro, etc.
Montadores de estructuras y soportes, montadores de cine, editores de libros y de vídeo, acomodadores, hosteleros de conciertos, vendedores de entradas, técnicos de sonido y de luz y del resultado final de todo espectáculo cultural grabado o en directo, además de, por supuesto, todos los artistas de cualquier disciplina en quienes habita el duende ése que les hace artistas. Todos son esenciales para que esto de vivir no sea sólo supervivencia rutinaria y desencantada. Y necesitan ayuda como todos necesitamos que nos ayuden con su trabajo y con su arte.

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Sin Cultura no hay futuro

Es verdad que muchos necesitan ayuda. Ahí está la tragedia invisible, por ejemplo, de quienes esperan, quienes desesperan, y quienes mueren esperando, que se les reconozca la dependencia. O quienes han sido despedidos en el sector turístico. O quienes han tenido que cerrar sus negocios. Pero tiene que quedar claro que todos estamos interrelacionados, que todos podemos ser familiares de personas dependientes o de nuevos parados o de hospitalizados por COVID 19 y que algunos necesitan ser comprendidos y ayudados en esta situación y que, entre ellos, están también las gentes de la Cultura y quienes trabajan en eventos culturales. Ellos también están golpeados por la pandemia y sus consecuencias endemoniadas. Cuando el barítono Carlos Álvarez, uno de nuestros artistas españoles más internacionales -le entrevisté el otro día por teléfono cuando estaba previo a hacerse una PCR, protocolaria, para actuar en la Ópera de Viena-, dijo eso de que había llegado en un avión lleno para poder actuar en un teatro semivacío, lo que estaba diciendo no era que los artistas y trabajadores de la Cultura son mejores que nadie, ni sólo reivindicaba lo de su gremio ajeno al dolor y las necesidades de otros sectores o personas igualmente golpeados por esta crisis extraña provocada por un problema sanitario. Lo que vino a decir es que los agravios comparativos, las contradicciones en la práctica ("aviones llenos, teatros casi vacíos"), duelen más que el propio virus y sus complejas circunstancias.

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Carlos Álvarez

Para qué hemos combatido en algunas guerras (todas horribles por mucho que a mi niño le fascinen los tanques) o para qué nos hemos defendido de algunos ataques con pretensiones totalitarias, si no era para defender poder vivir en libertad y para disfrutar de nuestra Cultura con mayúsculas, si no era para sentirnos comunidad y para pensar por nosotros mismos; si no era para sentir la emoción de la belleza o la fértil incomodidad de la provocación cuando está fundamentada y se manifiesta con calidad...

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Niñas en clase COVID

Por lo demás, y para arrancaros una sonrisa, ya que muchos padres andamos poniendo velas por la salud de nuestros hijos y la nuestra, en la vuelta al colegio, con el nudo en la garganta de no saber en qué situación están nuestros hijos enmascarillados cada hora de clase, cuando la tormenta trae virus de punta, para arrancarnos una sonrisa, decía, vamos con un chistecito casi infantil para terminar este post: A ver, ¿no parece claro poder afirmar, sin riesgo a equivocarse, que… Hay muchos niños belgas que estudian en coles de Bruselas?

(c) Domi del Postigo / www.domidelpostigo.es

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Gracias!!!!!!!!!!!!!!!!!!