Carnaval (Relato de amor)

in Cervanteslast year

tmpcam7724829177433219802.jpg [Foto: Original del canal]

Había oído hablar de los fastos del carnaval y a medida que me acercaba a los muros de la ciudad, me llegaban gritos y risas desde el vagón. Hacía tiempo fantaseaba con la idea de visitar a mi amado escritor Angel Doumaz, quien vivía en la capital del país. Aquel día precisamente, la ciudad se encontraba de fiesta y era más que dicho, un momento excepcional para nuestro gran encuentro. Encuentro que, hacia volar mi imaginación de joven chica del interior, que había caído en las garras de aquel maestro de la lírica que, en más de una ocasión, había desnudado mi cuerpo y recorrido mi placer perpetuo, sin siquiera haberme puesto un dedo. El tren entero parecía alborozado. Deseando refrescarme, me había cruzado hacia unos instantes con disfraces y máscaras magníficos. Ya volaban las serpentinas y el confeti. Había, sin embargo, intentado reconocer entre los antifaces, de los velos, de las redecillas, de los maquillajes, el rostro austero de aquel que había robado mis noches de tormento, volviéndolas, vividas imágenes del paraíso.
Cuando por fin llegué a la estación, apenas pude oír el anuncio del término del viaje, tan fuerte era la algarabía y tan intensa la agitación. Una muchedumbre abigarrada se apretujaba, llamando a los mozos de equipajes, increpándose. Yo me sentía ebria e incapaz de avanzar, ante aquel mar de olores, sonidos y colores, de la gran ciudad capital. Sobre el andén, con mi equipaje en la mano, escrutaba desesperadamente esa masa hormigueante en busca de Angel. Jamás me había sentido tan desposeída y toda la magnitud de mi desasosiego, se desplego cuando una especie de arlequín, me agarro bruscamente, haciéndome seguirle en los diabólicos meandros de una farándula multicolor. Iba a derrumbarme, perdida en la marejada infernal que me arrastraba a pesar mío, cuando una mano firme me cogió por la muñeca. Y me encontré sollozando, desconsolada, contra el poderoso pecho de Angel. Levante mi cabeza, vi sus dos ojos negros hundidos bajo unas espesas cejas, una barba rasa y una boca carnosa. Era Angel, que rompió el silencio con aquel tono firme en su voz, que me impresiono y a la vez tranquilizo. Durante el trayecto que emprendimos, de aquel mar de payasos y jolgorios de fiesta, se mostró como un personaje impasible, que no había soltado mi muñeca. Curiosa y dócil, ajuste el paso a ese hombre frio y altivo, que cambio todo mi esquema, sobre como imaginaba a mi querido Angel.
Las casas, los edificios, esa atmosfera irreal, donde lo brillante estaba siempre presente, me hicieron sumirme por un momento, en el olvido total de lo que sucedía. La intensidad de ese momento hizo palpable el impulso vital que renacía en mí. Por fin habíamos logrado escabullirnos de todo, más mi sorpresa seria a donde Angel me había llevado. Nos encontrábamos en su apartamento, de escritor mundano. El cual reconocí rápidamente por las fotos. Aquel que poseía una amalgama de vintage con modernidad, además de un aroma a hombre mezclado con fuertes dosis de café. Lo cual me hizo esbozar una sonrisa pícara, que Angel rápidamente percibió y me siguió en risas cómplices, que me devolvieron al Angel que conocía de nuestros días de chat. Estuvimos platicando durante horas, conociendo más bien nuestras expresiones físicas, solapadas en una conversación armónica. Lo cual nos llevó a percatarnos, que la noche ya se hacía presente.
El plato fuerte ya arribaba, luego de una cena nada despreciable, Angel me guio al lugar, el cual consideraba mi templo de predicación, su estudio de trabajo. Ahí daba forma a sus creaciones, las cuales habían logrado cautivar mi pensamiento y alma. Pero en esta ocasión, no degustaríamos aquellos tesoros de papel, a los que daba a la luz. Daríamos por fin rienda suelta a un pequeño sueño morboso, que había hecho vivir nuestro fuego interior en la lejanía. Poseernos física y mental en aquel lugar sagrado para nosotros, acto que sin miramientos o vacilaciones comenzó aquel ángel, que muy pronto dejo ver su aspecto demoniaco. Devorando mi suave piel, comenzando con besos indiscretos hacia mi espalda, lamiendo y mordiendo su fuente de ardor. Su siguiente victima mi cuello, el cual chupaba con deseos que en mi vida había experimentado, no dejando de lado, el tesoro de mis piernas que empezaba a hacer húmedas mis piernas. Humedad que se acrecentó por sus dedos bandidos, que habían roto la seguridad de mis barreras de tela. Todo coronado en el tan ansiado beso, que nuestros cuerpos se habían prometido, la primera vez que cruzamos aquellas líneas de escrito. Esta vez no sería la pluma, quien desnudaría nuestros cuerpos, sino nuestras manos fieras de placer, que aullaban por amor. Amor que fue bajando lentamente hacia mis piernas, con un solo objetivo en mente.
La sorpresa fue tal que no pude evitar pegar un grito. A continuación, sentí una lengua afanándose entre mis muslos, lamiendo a pequeñas lengüetadas, sabiamente dosificadas a los labios abiertos, succionando la vulva, chupando mi sexo mojado y avivado por el deseo. Fue sublime el recorrer de su lengua, por mi órgano de placer, degustando sin excepción, cada rincón que hacía temblar mi cuerpo. Saciaba sus ansias de mi sabor, el cual había fantaseado en tantas oportunidades, aquellas noches de liricas del amor profano. Levante la mirada, tras haber estado sometida a los embates de su boca regente, percibí su mirada febril y su sexo, el cual se encontraba tenso. Decidí que era hora, de hacerlo temblar de placer y lo libere de mis piernas húmedas. Su miembro se encontraba frente a mi nariz y sentí aquel olor que me enviciaba, fue un sabor tan peculiar, que me hacía querer más, algo de instinto animal, que yacía dentro de mí. Cuando hundió su verga dentro de mi boca. Mi boca rodeaba el glande de Angel, que masajeaba mis senos con momentos de brusquedad y cariño al mismo tiempo. Mis pezones no podrían ser descritos, si eran desafortunados o privilegiados, por aquel color rojo intenso, por las anteriores mordidas y la fuerza con las que sus dedos los apretaban. Mi lengua ya iba y venía sobre su sexo hinchado, que se poyaba dentro de mi paladar. Mi amante jadeaba, gemía, pero logro poner freno a sus más fieros deseos. Se liberó de mis labios, que pedían a grito más de su verga en mi garganta y pude recibir en mi boca, aquel beso profundo con el néctar sus labios. Aquel néctar que recorría mi vientre, senos, cuello y vagina, como un licor sutil, que hacía en mí una deflagración de placer inaudito recorriéndome todo el cuerpo. Estaba quebrada, sacudida por los espasmos, con la carne abierta, por el ultimo sobresalto de una satisfacción desmesurada. Cuando por fin, Angel se apodero de mí, golpeo mi interior con aquel sexo de tamaño considerable, poseyendo mis entrañas como una bestia diabólica. Topaba con lo más profundo de mis entrañas a empujones alternados. Nuestros gritos, eran solo opacados por los estruendos de los fuegos artificiales, que nos alentaban a rugir más por nuestros deseos de nuestras carnes. Más que ceder a su verga, que flagelaba mi interior, había comenzado un trance a un estado de posesión, donde movía mi cuerpo con unos deseos vehementes de quedar destrozada por él. Lo cual nos llevó al desenlace definitivo de aquel carnaval de placer, cayendo desplomado él y yo. Angel abrazo mi rostro con un brazo y murmuraba mi nombre, devota y serena contemplaba sus labios que aún estaban mojados de mí. Me di cuenta muy pronto, que el carnaval no había acabado, que, de ahora en adelante, sería mi vida, un eterno carnaval de placer.