Las piletas - The pools

in #entropia2 months ago

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El orfanato de San Camilo era una institución prestigiosa a mediados de los años 1890, estaba ubicado en medio de las sierras de Córdoba, en un clima benigno según decían los médicos quienes mandaban a los enfermos de los pulmones a pasar una temporada sanadora.

Pero el orfanato estaba allí no por las bondades del clima sino porque estaba lejos de los grandes centros urbanos. Dejar allí un niño traído al mundo en condiciones indecorosas, era para los miembros de la alta sociedad una salida a todas luces conveniente, no quiero decir con esto que todos los niños alojados en sus instalaciones provenían de relaciones prohibidas, muchos eran verdaderos huérfanos o abandonados, solo algunos se criaban como tales bajo el secreto de sus de familiares y la anuencia de las autoridades del asilo que gracias a las enormes contribuciones que recibían por hacer más sencillos los trámites de aceptación, recibían cuantiosas cantidades de dinero, a modo de desinteresadas donaciones, por supuesto.

Roberto era inteligente y estudioso, así lo demostraban sus notas y la opinión de maestros y cuidadores, pero como cualquier otro niño del orfanato tenía tareas comunitarias por fuera del estudio. Las tareas eran rotativas y se cambiaban mensualmente, a Roberto le gustaba la carpintería y también lavar la ropa en las grandes y blancas piletas de uno de los tantos patios con que contaba el asilo. Nunca se preguntó porqué se divertía lavando ropa sucia, pero era un hecho y esperaba con ansias el momento en que la rotación indicara que pasaría todo un mes haciendo esas labores.

Así pasó su infancia y su juventud hasta que a los 18 años lo dejaron en la puerta de salida sin más pertenencias que una pequeña valija con algunas prendas usadas y bastante maltrechas, por cierto, unos pocos pesos y un gran discurso de despedida donde le auguraban un gran futuro, había sido un alumno sobresaliente y un gran compañero y amigo de todos los huérfanos.

Roberto hizo honor a los discursos de despedida, por algún designio del destino y contra todas las estadísticas logro triunfar y se convirtió en un exitoso abogado, abrió un bufete en pleno centro de Buenos Aires y en pocos años se convirtió en un poderoso y acaudalado consultor de grandes compañías. Viajó por el mundo y conoció hermosos y costosos hoteles, en todos pedía conocer la lavandería, algo que siempre le hizo recordar sus orígenes.

Volvió en varias oportunidades al orfanato de San Camilo y realizó varias donaciones, contrató a varios de los jóvenes egresados y se preocupó por fundar una asociación civil para dar ayuda y soporte a aquellos que una vez cumplida la edad debían dejar el lugar. Recordaba lo solo e indefenso que se encontró cuando le toco salir.

El tiempo pasó y el orfanato cerró sus puertas en forma definitiva, la tristeza lo invadió y no regresó por muchos años, pero cuando la segunda guerra mundial comenzó creyó que todo el mundo se vendría abajo y volvió para recordar y fortalecerse. Su recorrida por las ruinosas instalaciones lo llevaron una vez más hasta las piletas donde lavaba la ropa, caminaba lentamente y con su mano izquierda iba tocando la fría y sucia loza de cada una de las bachas, cuando llegó a la última se detuvo y recordó cuando su maestro de manualidades le contó que no era un huérfano, que tenía padres y que lo habían dejado ahí por haberlo concebido en pecado. En ese momento no entendió que significa esa frase, solo que su padre era un gran político y su madre una joven heredera de una prestigiosa familia con ramificaciones en la realeza española.

Jamás los conoció y ni siquiera supo sus nombres, tampoco quiso. ¿Cuál hubiera sido su reacción si hubiese sabido que su padre llegó a presidente de la Nación, respetado por su integridad y generosidad?

Roberto bajó lentamente su mano de la pileta y se fue del derruido lugar, triste pero orgulloso de lo que había conseguido.




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The San Camilo orphanage was a prestigious institution in the mid-1890s, it was located in the middle of the Córdoba mountains, in a benign climate, according to the doctors who sent lung patients to spend a healing season.

But the orphanage was there not because of the good weather but because it was far from the big urban centers. Leaving there a child brought into the world in unseemly conditions, was for members of high society a clearly convenient way out, I do not mean that all the children housed in their facilities came from forbidden relationships, many were true orphans or abandoned, only some were raised as such under the secrecy of their relatives and the consent of the asylum authorities who, thanks to the enormous contributions they received for making acceptance procedures easier, received large amounts of money, by way of disinterested donations, of course.

Roberto was intelligent and studious, as demonstrated by his notes and the opinion of teachers and caregivers, but like any other child in the orphanage, he had community tasks outside of the study. The tasks were rotating and changed monthly, Roberto liked carpentry and also doing laundry in the large white sinks in one of the many patios that the asylum had. He never wondered why he had fun doing laundry, but it was a fact and he looked forward to the moment when the rotation indicated that he would spend a whole month doing those chores.

This is how he spent his childhood and youth until at the age of 18 they left him at the exit door with no other belongings than a small suitcase with some used and quite battered clothes, by the way, a few pesos and a great farewell speech where they predicted him a great future, he had been an outstanding student and a great companion and friend to all orphans.

Roberto honored the farewell speeches, by some design of fate and against all statistics, he succeeded and became a successful lawyer, opened a law firm in the heart of Buenos Aires, and in a few years became a powerful and wealthy consultant of big companies. He traveled the world and visited beautiful and expensive hotels, in all of them he asked to know the laundry, something that always made him remember his origins.

He returned several times to the San Camilo orphanage and made several donations, hired several of the young graduates, and was concerned about founding a civil association to give help and support to those who once reached the age had to leave the place. He remembered how alone and helpless he found himself when it was his turn to go out.

Time passed and the orphanage closed its doors permanently, sadness invaded him and he did not return for many years, but when the Second World War began he believed that the whole world would collapse and he returned to remember and strengthen himself. His tour of the dilapidated facilities took him once more to the sinks where he washed clothes, he walked slowly and with his left hand he was touching the cold and dirty china of each of the basins, when he reached the last one he stopped and remembered when his crafts teacher told him that he was not an orphan, that he had parents and that he had been left there because he had been conceived in sin. At that time he did not understand what that phrase means, only that his father was a great politician and his mother was a young heir to a prestigious family with ramifications of Spanish royalty.

He never met them and he didn't even know their names, he didn't want to. What would have been his reaction if he had known that his father became President of the Nation, respected for his integrity and generosity?

Roberto slowly lowered his hand from the sink and left the ruined place, sad but proud of what he had achieved.


Las fotografías son de mi propiedad excepto las que menciono la fuente.
The photographs are my property except those mentioned by the source.

Héctor Gugliermo
@hosgug



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