Caperucita Roja y El Lobo (Relato)

in #cervanteslast year

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Ya era hora de algo nuevo. Experimentar nuevas sensaciones y juegos más pícaros. Katherine a pesar de su juventud era una chica en extremo atrevida. Se sentía atraída desde el principio con la madurez de Leguim y su mente tan abierta.
Katherine había ordenado todo en la casa, se había colocado un traje de minifalda rojo, además de una blusa roja con vuelos blancos, una cinta de color rojo para enlazar su melena negra de cabellos lazios. Tomo una cesta y la lleno de varias cosas. Un pote de crema de coco, miel, un tarro de mermelada de frambuesa y varios racimos de uvas.
De manera coqueta se pintó sus labios de color rojo intenso, además de una sombra de color negro en sus ojos. Katherine había pensado en todo, se sentía que con sus 18 recién cumplidos era la mujer más sexy de toda la ciudad. Se recostó en la cama a esperas de la llegada de Leguim, calmada y con el cuerpo ardiendo, soñando con cumplir su fantasía de Caperucita Roja y el Lobo.
Leguim con sus 25 años ya en su cuerpo, sentía de nuevo aquella chispa del sexo sin control que tenía a sus 18.
Vestido con una chaqueta negra de cuero y unos vaqueros, reluciendo su frondosa barba y sus anillos gruesos en sus dedos como motero de esos que esperan al lado de los bares con su Harley Davidson, interpretaría el papel del Lobo feroz.
Entro lento como criminal escurridizo hacia la cama de ella. Ella se despertó, pero aún con los ojos casi cerrados. Cuando sintió la mano fuerte de su amante en su cuello. Un gemido escapó de su boca. Leguim rápidamente la dominó. Una mano en su cuello, la otra que había violado la privacidad de sus bragas mojadas, ya la penetraba. Mientras besaba aquella boca roja que lo volvía un demente.

Leguim disfruto el tacto de aquella boca, la mezcla de saliva caliente, la mirada de éxtasis de Katherine. Se sentía un verdadero hombre. Liberó su cuello y labios vaginales y la amarro con una cuerda que llevaba en sus vaqueros. La amarro fuerte, mientras ella interpretaba su papel de niña buena que pedía ayuda con una voz de pequeña. Leguim disfruto ese sentimiento de dominación y empezó a desgarrar su ropa. Rompió su blusa con sus manos y con sus dientes arrancó su minifalda. A sus senos descubiertos comenzó a lamerlos como un verdadero lobo hambriento de carné, mientras su mano derecha se ocupaba de darle placer a su sexo como su ano.
Ella gemía con su voz de niña pequeña, susurraba que la dejara, pero su rostro solo quería más y más. Pronto Leguim se desvistió, dejando ver su pecho peludo, el lobo que fantaseaba Katherine que la domara. Sus vaqueros al piso y su polla con sus venas a reventar. Pero Leguim qué a un jugar con su cuerpo. A pesar que Katherine suplicaba por qué la violara con aquel miembro violento. Agarro la cesta y tomo la crema de coco. La coloco boca abajo, se lo vertió por el cuerpo a ella, sus senos, vagina, nalgas, espalda y muslos. Y comenzó a lamer como un perro, cada parte de su cuerpo. Lo masajeaba y lamía suave, además de frotar su cuerpo con ella. Katherine estaba extasiada sentir aquel cuerpo peludo y caliente rozando su piel lubricada. Satisfecho del sabor de su cuerpo, unto la frambuesa de la cesta en su vagina. Katherine reía al principio por el frío, pero pronto comenzó a gritar por como Leguim comía su pequeña raja. Había introducido su lengua adentro como nadie en la vida sexual de ella, sus labios vaginales tan cortos despertaron de la locura, su clítoris virgen de tacto sucumbió al frío de la mermelada y los chupetones de la boca barbuda de su amante. Ella se retorcía y el disfrutaba con el rostro de la maldad. Pero su polla ya necesitaba atención. Agarro su cabeza y con su lazo rojo le ato la garganta desde donde como a una perra la dominaba para que mamara su verga llena de frambuesa y rastros de la crema de coco. El temblaba de las arcadas de ella y aullaba como un verdadero lobo. Ella se ahogaba en el mar de sudor y dulce de aquella verga venosa y gruesa. Como buen amante se retiró a tiempo para no acabar en su boca. La coloco en cuatro y lubrico su vagina con miel. Como una bestia comenzó a follarla bien adentro. Ella gritaba como un animal. Gemía pidiendo ser su perra por siempre, mientras se babeaba al morder la almohada de la cabecera de la cama. Estar atada y así la hacía sentirse una diosa del sexo. Leguim no paraba de gozar aquel trasero, nalgueando y con dos dedos en su ano para acariciar sus adentros más estrechos. Luego comenzó a torturar sus pezones, los cuales apretaba y alaba. Totalmente ido de la realidad Leguim la desató y se llenaron de miel el cuerpo. Siendo ella subida arriba de el quién lo follaba, comiendo su cuerpo, sus pelos negros cubiertos de miel. Se sentía que tenía a un macho completo para devorar ella sola. Tanto fue el embate de su cuerpo y la mirada cómplice de gozo que acabaron juntos en un intenso orgasmo. Ella temblaba como nunca, el sentía como su semen salía de la vagina de ella al ser demasiada.
Quedaron así un tiempo, ella muerta en vida, lamiendo el cuello de el. El gemía de cansancio con la respiración entre cortada. Finalmente quedaron abrazados en aquella mezcla dulce de placer. Comiendo las uvas de la cesta. Jugueteando como niños y colocando esas uvas en lugares de gozo. Muy pronto Leguim volvería a la carga. Para llevar a la luna de sus aullidos a su Caperucita Roja.