Mike Pompeo, la frialdad de la diplomacia y el pueblo cubano en último lugar

in bloque64 •  7 months ago 

El secretario de Estado de Estados Unidos, Mike Pompeo, ha declarado en una entrevista a Diario de Cuba que su gobierno “está dispuesto a considerar todas las opciones si La Habana renuncia a su comportamiento opresivo”. Hasta aquí, nada nuevo.
Mike Pompeo, secretario de Estado

Todos sabemos que en política –y en diplomacia– las casualidades escasean y que es poco probable que un funcionario, al nivel de Pompeo, conceda una entrevista a un periódico con una línea editorial tan evidente sin un interés marcado.

En la conversación sostenida por vía telefónica el secretario se muestra cauteloso, repite muchas de sus frases ya escuchadas en sus discursos y alocuciones y sutilmente se deja conducir a lo que sería el “pollo del arroz con pollo” de la entrevista: el apoyo de la isla al régimen de Venezuela.

Con anterioridad, el 2 de Mayo, el presidente Donald Trump había expresado a través de la red social Twitter, que “si Cuba retira su personal de Venezuela, su relación con Washington sería distinta”. Es decir, un guiño a las autoridades cubanas (no al pueblo) para negociar un cambio radical en Miraflores.

El secretario Pompeo, siguiendo la idea expuesta por el presidente, alega textualmente: “Cambien de postura y retiren a su personal. En ese momento, podremos mantener una conversación real”. Más adelante, alega, “Si el régimen está dispuesto a hacer ese cambio, nosotros estamos dispuestos a considerar todas las opciones”.

Para un buen lector de frases e intenciones entre líneas, todo parece indicar que después de haber agasajado a los opositores cubanos, a los exiliados en la Florida –quienes aseguran haberle garantizado el voto ganador del Estado en las elecciones de noviembre de 2016- pues ahora la administración Trump salta sobre cualquier valoración ética y asegura estar lista para una negociación (léase suavizar el embargo) a cambio de que La Habana deje de sustentar el régimen de Caracas.

Donald Trump junto a legisladores cubano americanos y otros exiliados

Una vez más, los grandes poderes negocian ventajas entre ellos a expensas de los intereses de los pueblos.

Sin duda, todos queremos que Venezuela salga de la pesadilla totalitaria y retorne a la democracia, algo que eventualmente sucederá a mediano o a no muy largo plazo.

Pero una negociación así, reafirmaría una vez más la naturaleza de pieza de cambio de una isla, que hace casi 60 años (1962) fue negociada y vendida a la entonces Unión Soviética, como parte de un acuerdo entre el presidente John F. Kennedy y el premier soviético Nikita Jrushchov, que puso fin a la Crisis de los Misiles de ese mismo año.

Pero es que la diplomacia se rige por reglas pragmáticas que muy poco tienen que ver con agradecimientos ni compromisos simbólicos.

La Casa Blanca necesita, en un año de elecciones, galardonarse con una victoria fácil y barata, donde los Estados Unidos pueda exhibir una supremacía –al menos mediática– en el área.

Sí, Estados Unidos busca un cambio de gobierno en Venezuela, pero sin que esto implique movilizar su ejército y sus tropas, pues el electorado norteamericano no desea ver a su país involucrado en otro conflicto bélico y menos en su traspatio.

Una guerra podría costarle la reelección a Trump. Una victoria en Venezuela, obtenida básicamente por gestiones diplomáticas y negociaciones –algunas secretas–, le permitiría otros cuatro años más en la Oficina Oval.

Y para esto están dispuestos a negociar con un régimen que han venido demonizando desde que Trump asumió el poder: el cubano.

La élite gobernante cubana lo sabe, por eso se afilan los dientes y se preparan para alargar sus manos y pedir. Esta es su oportunidad.

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