Fidel Castro: el hombre que nunca fue quien dijo ser

in bloque64 •  3 months ago 

Fidel Castro Ruz, una de las figuras más relevantes de la política en la segunda mitad del siglo XX y lo que vivió del siglo XXI, cumpliría hoy 93 años.

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Fue el artífice de la Revolución Cubana y el promotor de muchos de los movimientos sociales en Latinoamérica y otras partes del mundo.

Su imagen de redentor inmaculado, de Robin Hood del Caribe, cautivó a generaciones enteras. Su naturaleza fotogénica y su habilidad para atraer las cámaras, en un mundo en el que surgía la televisión, le sirvieron para consolidar su imagen romántica de Príncipe de las Guerrillas, como lo llamó Georgie Anne Geyer, una de sus biógrafas.

Pero la verdad es que el gran líder de barba tupida enfrentó la vida y la sociedad a través de disfraces y máscara, en dramas que a menudo recuerdan las comedias griegas de la antigüedad.

El demócrata

Castro jamás tuvo la intención de compartir el poder y no lo hizo. El movimiento que creó y dirigió, el 26 de Julio, se suponía que estaba inspirado en la idea de restablecer el orden constitucional quebrado por Fulgencio Batista, presidente de facto y principal enemigo de las fuerzas revolucionarias de entonces.

Pero una vez en la Habana, en enero de 1959, cuando se esperaba de los guerrilleros el mejor esfuerzo para fomentar elecciones libres en la isla, Castro se afianzó aun más en el poder y ocupó todas las instituciones del país. Así, quedó como un Primer Ministro omnipotente hasta 1976, en el que su partido, el comunista, impuso una constitución donde se le otorgaban al gran caudillo los cargos de Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, además de conservar el estratégico cargo de Primer Secretario del Partido Comunista de Cuba.

Ya enfermo, en 2006, renunció a todos los cargos a favor de su hermano, cual rey que abdica y señala un sucesor.

Soltero

Una vez en la cúspide del poder, enamorado de su imagen de luchador solitario e indómito, a pesar de nunca llevar una vida intima en solitario, Castro se cuidó de mostrarse en público con una mujer a su lado, una compañera, una esposa.

Si bien la ideología oficialista estaba orientada supuestamente contra el machismo, el “inaccesible” comandante se mostraba siempre solo, sin necesidad de tomar la mano de una mujer con la que podía –o debía- ser dócil, gentil y cariñoso. Era como si “el caballo”, como gustaba que lo llamaran, era para todas y no para una.

Sus relaciones íntimas con Celia Sánchez Manduley, quien acompañó al Comandante desde la Sierra Maestra, eran un secreto a voces. Bien podría preguntarse: ¿por qué un secreto?

Lo cierto es que esta relación nunca fue reconocida oficialmente y ya desde los primeros años de la revolución, Castro se había interesado en la entonces joven Dalia Soto del Valle, quien fuera la madre de cinco de sus hijos.

A pesar de que Dalia fue la mujer que se mantuvo a su lado hasta el último momento de su vida, la boda con Fidel nunca se hizo pública y ella jamás fue presentada como la primera dama. Siempre fue así: la mujer en la sombra y el gran líder en la cúspide.

El comunista

Desde los primeros meses del año 1959 se dio la alarma de que Castro, su hermano Raúl y el Che Guevara, tenían vínculos secretos con el Kremlin y que la gesta rebelde bien podría derivar en un experimento comunista en pleno occidente.

Para apaciguar los ánimos, más de una vez Castro posó ante las cámaras con el emblema de la Virgen de la Caridad del Cobre brillando en su pecho y esgrimiendo el eslogan de que la revolución era “verde como las palmas”.

Luego, en abril 1961 y ante una multitud enardecida por los ataques aéreos y quirúrgicos de Estados Unidos, como antesala de lo que sería la invasión a Bahía de Cochinos, el líder anunció que se vivía una revolución socialista en marcha, la primera en América.

Desde entonces se hicieron públicos los vínculos con Moscú y se declaró oficial el adoctrinamiento marxista donde, entre otros absurdo, se establecía al “materialismo dialéctico” y al ateísmo como la manera correcta de pensar de un revolucionario. En lo sucesivo, se tomó por inicuo cualquier ejercicio religioso.

Por su parte, Castro, muy personalmente, siguió entregándose a la práctica de ritos africanos. Ejemplo de ello fue su participación en ceremonias dedicadas a él en zonas de África, una de ellas recogida por el documentalista Santiago Álvarez en uno de sus noticieros oficiales.

Es decir, Fidel nunca llegó a ser un comunista ideológicamente convencido. Más bien, la ideología le venía como anillo al dedo par ejercer el poder absoluto.

Humilde, austero

Desde el triunfo revolucionario de 1959, salvo excepciones, Castro siempre apareció en público vestido de militar y muchas veces trasladándose en un jeep vede como si estuviera en la Segunda Guerra Mundial. Así se movía por las calles como si acabara de descender de las lomas de la Sierra Maestra: era la imagen del guerrillero que nunca descansa. Daba la impresión de que si las horas le alcanzaban para dormir, lo hacía en hamacas, luego de comer en cantinas con raciones servidas para él, para su escolta y el personal que lo acompañaba.

Lo cierto era que Castro vivía, de manera habitual, en una zona residencial conocida como Punto Cero, donde disfruta de todas las comodidades prohibidas al cubano medio, desde piscinas térmicas, criadero de animales y reces exóticas, hasta un restaurante en lugar de comedor, con cocineros y órdenes a la carta.

Juan Reynaldo Sanchez, ex escolta de Fidel Castro

Esto sucedía mientras le exigía a su pueblo una vida de sacrificio que va (aun se mantiene) desde el racionamiento extremo a la imposibilidad de obtener vivienda o mejorarla, pasando por la prohibición de prosperar económicamente y acumular riquezas.

Pero eso no era todo. Nadie sabe a ciencia cierta el número de casas que el Comandante tenía a su disposición a lo largo de toda la isla. Allí podía disfrutar de temporadas largas con su familia, mujer e hijos, donde el consumo de botellas de vino de 700 dólares y mariscos extraídos del mar por él mismo era parte de la rutina diaria.

Según declaraciones de un escolta personal de Castro que abandonó la isla, era habitual que el Comandante interrumpiera temporalmente su confortable descanso para ser trasladado en helicóptero a la Habana, donde profería discursos con ataques feroces al imperialismo, a la vez que exigía al pueblo nuevos sacrificios. Luego, regresaba a su casa de lujo, que bien podría ser en un cayo solitario, adaptado solo para él y su familia e invitados especiales, donde comía suntuosamente.

No Alineado

En su proyección internacional, Castro no dejó de forzar la realidad e incurrir en la falacia.

Si bien los Países No-Alineados surgió como una agrupación de estados que no tenían alianza formal con ninguno de los dos bloques hegemónicos: Estados Unidos y la otrora Unión Soviética, Castro se las arregló para incluir a Cuba en la organización, a pesar de que era evidente la alineación de la isla con Moscú y el bloque socialista existente.

Pero no le bastó y fue más allá: la isla presidió la Organización desde de 1979 hasta 1981. Entonces, se dio la gran ironía de que Cuba, siendo aliada incondicional de la URSS, a la vez presidía la Organización de Países No-Alineados mientras uno de sus miembros, Afganistán, era invadido por los soviéticos. Por supuesto, Castro no dejó de apoyar públicamente esa invasión.

Resumen

Fidel Castro asaltó a la política siendo joven, apuesto y en un contexto donde la televisión sirvió de plataforma ideal para los más listos: John F Kennedy fue otro ejemplo. Con algo de histrionismo, que les sobró a ambos, era posible emerger como una figura “agradable” en los grandes medios.

Al gran caudillo lo sorprende la vejez en la era de internet, donde las imágenes se valoran desde diferentes ángulos y disímiles fuentes. Ya no era tan sencillo fabricar leyendas y permanecer impune.

En su último momento de lucidez debe haber asistido con pavor al deterioro de su imagen de luchador humilde y renunciado, incapaz de disfrutar de los mismos placeres y vicios de aquellos contra quienes juró lucha eterna: los burgueses, los capitalistas, los millonarios.

En verdad, fue poco más que un gran actor. Y eso… la historia lo castiga.

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