El presidente cubano no goza de buena imagen en la región

in bloque64 •  6 months ago 

El presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, dudosamente electo, no es bien visto por los que en Latinoamérica generan opiniones y agrupan seguidores.

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La encuestadora Ipsos, analizó la evaluación que normalmente hacen los líderes de opinión con significativa presencia en los medios en Ecuador, Brasil, Chile, Colombia, Bolivia, Argentina, Perú y otros países de Centroamérica y el Caribe, y arrojó como resultado que su opinión sobre Miguel Díaz-Canel, el gobernante cubano no es la mejor.

El índice de aprobación del presidente cubano descendió de un 23% en noviembre de 2018 a un 18 % en este año.

En la actualidad, los más informados e influyentes en la opinión pública de la región lo desaprueban en un 66%.

Por su parte, los presidentes de Chile, Sebastián Piñera y el de Urugay, Tabaré Vásquez, son los líderes con mejor imagen en la zona, con una aprobación de un 68% y 65% respectivamente.

Y así, los de peor reputación son Nicolás Maduro, presidente de Venezuela, con el 3% de aprobación, y le siguen el propio Díaz-Canel con 18% y Jair Bolsonaro, presidente de Brasil con solo 29%.

En cuanto a Cuba, el presidente ha tenido que asumir el relevo histórico de la revolución cubana. Díaz-Canel toma las riendas del poder sin ser de la familia Castro ni pertenecer a la generación que asaltó el poder en el año 1959.

Sin embargo, ese es precisamente el detalle: el presidente cubano no parece ser quien realmente ejerce el poder. Raúl Castro no se ha retirado, simplemente se ha movido ligeramente a un lado, mientras conserva el cargo de Primer Secretario del Partido Comunista, entidad que constitucionalmente ostenta el verdadero poder de la nación.

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En Cuba, la decisiones importantes no las toma el Gobierno, sino el Partido Comunista. Por tanto, se justifica que los líderes de opinión vean al presidente actual como un burócrata de segunda, un instrumento útil para quienes, desde las sombras, mueven los hilos del poder en la isla.

Pero los gobiernos como los de Cuba y Venezuela pueden prescindir tanto de la valoración de su propio pueblo hacia ellos como la del resto del mundo acerca de su gestión. Son gobiernos de facto y no ejercen el poder valiéndose de la voluntad popular.

Si bien no deja de interesarles las opiniones de otros, las opiniones favorables no son demasiado importantes para su gestión de gobierno. Y esto es precisamente lo que a menudo las democracias no logran entender.

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