LA MENTIRA DEL TIEMPO LIBRE

in #bloque642 years ago

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Uno sueña con liberarse del trabajo. Aplastar la rutina. Violar al tedio como hizo con nosotros tantos años. Fantasea en su cabeza: “Si tengo tiempo haré esto y aquello. Cumpliré todos mis sueños. Alcanzaré todas mis metas”.

Se engaña a uno mismo sin razón de ser.

De vez en cuando, periódicos y telediarios abren con una noticia sobre multimillonarios. Alguna inversión novedosa, algún gasto extravagante. Mercancía fácil de odiar servida caliente a los proletarios. Estos, en su humilde hipnosis, se preguntan a sí mismos el uso que dará el fantoche a tanto dinero. Un tipo rico, millonario o trillonario, se mueve en los negocios ávido de más y más.

Engullir y no parar.

Como el millonario de antes, ese tiburón hambriento del dinero del mundo, el hombre rico en tiempo libre quiere más y más. Días de 24 horas, largos como un día sin pan, son escasos para el sujeto ansioso de minutos, gustoso de ocios y deseoso de experiencias. En suma, las promesas que se hace a sí mismo de librarse del trabajo, caen en la mentira y el olvido como si de un programa electoral se tratase.

Para protegerse de la intemperie, el hombre inventó las construcciones.

Al hilo del párrafo anterior, los edificios surgieron como una evolución de las construcciones. ¿Qué necesita un edificio? Cimientos y estructuras. Un punto sobre el que anclarse. De esta manera, el edificio puede superar sobre los húmedos suelos en busca de nuevas cimas que coronar. Algo parecido ocurre con la vida que, huérfana de estructura, se entrega al desperdicio infame como si no hubiera mañana. Así ocurre con los desocupados y ociosos, seres que incumplen palabra por palabra, sus promesas de regeneración una vez liberados de la explotación.

Y esto nos lleva a concluir algo.

La felicidad y el ocio, no son objetivos que uno pueda o deba desear. Ser feliz es vivir en un estado alterado; en una noche de coca permanente. Y, al igual que pasa con la droga, a la larga la felicidad perjudica gravemente la salud. Lo bonito es, dicho de manera fina, tener una causa por la que vivir y pelear. Algo que te saque de la cama temprano por las mañanas, sin maldecir al mundo que te dio a la vida. De esta manera, uno no logrará eso que llaman ser feliz, pero al menos soportará estoico la carga de la vida.

Viene a mí mente la imagen de Sísifo. Ese pedante fracasado amigo de empujar rocas sobre una ladera. Tal vez su imagen, no sea la de un hombre esclavizado sino liberado, alguien que ha descubierto el único destino posible y ha decidido soportarlo con una sonrisa.

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