La Habana, ciudad virtual (II)

in bloque64 •  7 days ago 

Con la instauración de la República en 1902 comienza el despliegue económico y social del País. Cuba es después de México el segundo en volumen de inversiones estadounidenses, recibe más de un millón de inmigrantes, de España, Asia y el Caribe; eso unido al crecimiento natural multiplica la población por cuatro en los próximo cincuenta años, el Producto Interno Bruto se multiplica por diez, la balanza comercial es sumamente positiva lo cual significa una moneda sólida, a la par del dólar estadounidense y en 1958 no existía deuda externa de consideración y sí una reserva en el Banco Nacional de más de 600 millones de pesos (=USD).

Esto se refleja en la Capital que se sitúa entre las primeras ciudades del mundo y puntera en América Latina en tranvías eléctricos, telefonía, radio, televisión, prensa escrita con más de 16 diarios y varias revistas entre las mejores del mundo hispanohablante. Digamos que en cada uno de esos temas La Habana estaba varios años por delante de las principales ciudades españolas.

Casi todos los hospitales actuales se construyeron en esa época, excepto el Hermanos Ameijeiras, al alcance de los vecinos del barrio o de las élites, pero no del común de los cubanos de adentro y de abajo y el CIMEX aún más exclusivo para extranjeros que paguen en divisas o pertenezcan a la élite militar y/o partidista, como en otras instalaciones

(La Pradera, la clínica Cira García, por ejemplo). Las edificaciones hospitalarias al alcance del cubano de a pie hoy estaban ahí en 1958. La cifra de menos de 800 habitantes por médico es aun inalcanzable para muchas ciudades del mundo.

Hospital Calixto García construido antes del año 1959

El sistema educacional contaba con una red de escuelas públicas donde impartían docencia graduados de las Escuelas Normales para Maestros, existían suficientes escuelas de enseñanza media (secundaria) y media superior (Institutos de Segunda Enseñanza) donde también impartían la docencia profesionales altamente calificados. Además se contaba con una amplia red de escuelas privadas, (religiosas incluidas) que complementaban el sistema educativo que garantizaba el 100% de la escolarización existente. La población analfabeta inferior al 10% con más de cien mil habitantes nacidos fuera de Cuba, la mayoría analfabetos el menos en español.

El comercio en la capital era de los más moderno del mundo. Abundaban ya los mercados de autoservicio, las cadenas estadounidenses (los populares tencent y otras) contaban con varias instalaciones y las humildes bodegas y carnicerías presentes en cada cuadra de la ciudad contaban con grandes anaqueles y refrigeradores de dos o tres puertas. El servicio de mensajería a domicilio estaba ampliamente difundido, nadie salía de su casa a comprar pan, leche, la prensa, medicamentos, etc.

También en la República se construyeron las vías que hicieron de la ciudad una urbe moderna, el túnel de la bahía, los dos túneles del Almendares; la avenida de Boyeros; calles 41; 31; 23; Quinta Avenida; Vía Blanca, Autopista del Mediodía, Calle 100, entre otras.

Mención aparte para la arquitectura cubana situada junto con Buenos Aires como la vanguardia de América. Lo mejor, más bello y funcional se edificó en la época republicana. De las siete maravillas de la ingeniería civil cubana cuatro se proyectaron y ejecutaron en La Habana, una en la colonia (acueducto de Albear), tres durante la República (Edificio FOCSA, Túnel de la Bahía, alcantarillado con sifón bajo la bahía) y los tramos iniciales de la Carretera Central hacia Oriente y Occidente.

A esas maravillas pudieran añadirse por sus valores y características el Malecón, el Capitolio, el Palacio Presidencial, el Hotel Nacional, El teatro Blanquita (hoy Carlos Marx), la Plaza Cívica José Martí (hoy Plaza de la Revolución) y muchísimos otros, cada uno con su propia fascinante historia. Los más emblemáticos —solo una opinión— resultan el Malecón habanero y la Plaza Cívica José Martí.

El Capitolio, emblema de la ciudad

Uno porque su construcción por tramos comenzó con la República, cada período presidencial le añadió uno hasta 1952, todo un símbolo. Y porque representa el lugar más concurrido por la población habanera, las noches de intenso calor, más en época de apagones eléctricos, el malecón brinda brisa marina y fácil socialización entre gentes diferentes.

Plaza Cívica, hoy llamada Plaza de la Revolución

La Plaza Cívica José Martí se financió por suscripción popular, un peso debió dar cada cubano para contribuir a ello. Se terminó en 1959, Fidel Castro se apoderó de ella y le cambió no solo el nombre que simbolizaba el anhelo republicano martiano, sino que sirvió de escenarios a kilométricos discursos donde como temas recurrentes se demonizaba a Estados Unidos, se dividía a los cubanos y se anulaba el pensamiento cívico que debiera sostener la República.

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